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Lunes, 07 de Abril de 2008 13:20 |
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O eran las acciones de ese club segundón o era una avioneta.
Prefirió lo primero porque alcanzó a vislumbrar que con las primeras
podía volar más alto: pasar del anonimato a la fama como han hecho
tantos oscuros -y dudosos- personajes en nuestro país porque el fútbol
es las pasión del pueblo y por lo tanto otorga gloria y reconocimiento.
Y de ahí a la política no hay sino un fácil paso.
Y así fue. Compró buenos jugadores y montó un gran equipo, el
Kokorico-Tolima que no fue campeón porque -lo sabríamos años después-
esto era imposible con las maniobras de los mafiosos dirigentes del
América. Todavía la gente recuerda a ese equipo de Sapuca, Victor Hugo
del Río y Quintabani. Y desde luego el desconocido Camargo se convirtió
en el senador Camargo, figura nacional.
Un día el senador se aburrió -o empezó a perder plata, esas verdades
siempre serán esquivas a los hinchas comunes- y se retiró. El equipo
volvió por lo mismo. O peor: cayó en la B. Compadecido -o nostágico
porque ya los medios no se fijaban en él- volvió el senador y lo
rescató. Persistió. Y fue recompensado: el equipo fue campeón con una
nómina más modesta y prestada y un técnico viejo zorro: el fútbol se
había puesto carísimo para el presupuesto colombiano. Tolima campeón,
increible. Gracias a usted, senador. Pero la hinchada no es
desagradecida: lo ovacionó en un estadio lleno. ¿Cuándo en su vida de
negocios hubiera podido tener ese reconocimiento público? Como dice el
tango: mano a mano hemos quedado, los favores recibidos creo habértelos
pagado.
Volvió la realidad. Los jugadores prestados obviamente se encarecieron
por el título. El senador empezó a hacer cuentas: no cuadraban. Afrontó
la Copa Libertadores con una nómina modesta y así le fue. Y entró en el
fatal círculo vicioso de un equipo de ciudad mediana en un país pobre
para comprar jugadores de cartel: jugadores baratos, pobres resultados
Administrando esa pobreza, se le apereció la virgen. El técnico de la
casa, el técnico barato -Jorge Luis Bernal- con los jugadores baratos
de reservas y unos cuantos reciclados de otros equipos resultó una
maravilla. Subcampeón el 2006. Un equipo ofensivo, ganador y
emocionante. Una rareza en el fútbol de cualquier parte del mundo.
Lástima, el senador no supo administrar aquella bendición. Vinieron
pésimos manejos, malas decisiones. La historia es conocida, no hay que
repetirla. Ahora el senador sólo piensa en retirarse, en salvar su
plata. La hinchada está huérfana y muy resentida. Triste el final de
esta historia. De la gloria efímera al infierno.
Moraleja: no puede haber caudillos y salvadores negociantes en los
equipos. El único camino, así sea lento y demorado, es construir
verdaderos clubes democráticos. La Equidad es la prueba de que sí es
posible. La dirigencia del Tolima tiene la palabra. Sólo se puede
construir algo perdurable apelando a lo propio, al sentido de
pertenencia. Ahí está Bernal, un hombre que de verdad ama al equipo y
al que acaban de irrespetar. Los extraños son, como dijera Saint-John
Perse, "gente de poco peso en la memoria de estos lugares". Por
Luis Fernando Afanador
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